RESPONSABILIDAD

 

Enseñar a los niños a ser responsables requiere de un ambiente especial en el hogar y en el colegio. Se trata de enseñarles a reconocer y aceptar las consecuencias de sus actos y compromisos adquiridos.

Un niño es responsable cuando sus actos coordinan, de forma creativa, sus propios objetivos con las necesidades de los demás. Para ello, los adultos tienen que ayudar al niño a obtener ese equilibrio, a definir sus propios valores y a resolver las dificultades en función de sus propios sentimientos.

El niño que posea sentido de la responsabilidad cosechará éxitos cada vez con mayor frecuencia y se beneficiará de las consecuencias positivas de esos éxitos.

Es importante darles a los niños desde pequeñas recompensas, no sólo materiales, que les enseñen cada día a ser responsables. Por ejemplo:

  • Hágale saber al niño, de palabra, mediante elogios, qué cosas ha hecho bien: “Has limpiado tu armario estupendamente”
  • Proporciónele ese reconocimiento de forma espontánea, periódicamente, relacionándolo con los logros: “Que te parece ir por un helado!, -me parece que recogiste sólo tus juguetes”.
  • Apoye al niño cuando lo necesite: “Como me ayudaste a limpiar el cuarto, ahora yo puedo ayudarte a hacer tu tarea”
  • Muestre interés por lo que hace el niño y anímele. “Como hoy tienes clase de tenis, yo recojo la ropa sucia”

 

Los niños que no sean considerados responsables de sus actos les será más difícil aprender de sus experiencias (esto no quiere decir, que el sentirse culpables los hará más responsables).  Los que tengan sentido de la responsabilidad poseerán los medios, las actitudes y los recursos necesarios para valorar con eficacia las diferentes situaciones y tomar decisiones consecuentes para ellos y para los demás.

 

Uno de los aspectos básicos de la enseñanza de la Responsabilidad a los niños es: “¿Quién es el responsable de acordarse de las cosas?”. Los niños pueden saber hacer las cosas y desear agradar a los padres, pero si no han tomado sobre sí la responsabilidad de acordarse, no pueden ser responsables.

 

Estos son unos trucos que podrían ser útiles para estimular a los niños a recordar y a asumir responsabilidades:

 

  • Escríbale las cosas y póngalas en un lugar visible.
  • No le recuerde las cosas al niño una vez esté seguro de que lo ha escuchado y entendido (recordar las cosas a los niños se convierte en una mala costumbre de la cual ellos pasan a depender)
  • Establezca costumbres lo más regulares posible. (cuando las cosas ocurren de forma predecible y regular, se incrementa la capacidad de recordación)
  • No olvide poner una consecuencia por el “olvido”.
  • No olvide lo que ha dicho. Si los padres olvidan, están otorgando al niño, tácitamente, permiso para hacer lo mismo.

 

Una vez que a los niños se les ha asignado ciertas obligaciones, los padres no deben confundirles ni fomentar la irresponsabilidad volviéndose a hacer cargo de las tareas encomendadas. Se dice que los padres evitan responsabilidad a sus hijos cuando:

 

  • Les recuerdan las cosas cuando ellos “olvidan”.
  • Lo hacen ellos mismos porque “es más sencillo”.
  • Subestiman la capacidad de los hijos.
  • Aceptan que los niños se califiquen ellos mismos como incompetentes e irresponsables.
  • Hacen cosas por los hijos para que los quieran o para que no les hieran sus sentimientos.

 

La responsabilidad como valor social está ligada al compromiso. La responsabilidad garantiza el cumplimiento de los compromisos adquiridos y genera confianza y tranquilidad entre las personas. Toda responsabilidad está estrechamente unida a la obligación y al deber. Ambos conceptos constituyen la materia prima de la responsabilidad.

 

Por medio de juegos o actividades grupales, es más fácil y más ameno enseñar el sentido de la responsabilidad a los niños y siempre estarán más dispuestos a entender sus “deberes y obligaciones”. Debemos enseñarles que la palabra responsabilidad en sentido global significa:

 

  1. Responsabilidad hacia uno mismo: “Soy responsable de hacer realidad mis deseos, de mis elecciones, mis actos, mi felicidad personal”.
  2. Responsabilidad hacia las tareas a desarrollar: “Soy responsable del modo en que distribuyo mi tiempo y mis deberes”.
  3. Responsabilidad en el consumo: “Soy responsable de mis gastos, de cuidar mis cosas y de elegir las cosas materiales que quiero”.
  4. Responsabilidad hacia la sociedad: “Soy responsable de mi conducta con otras personas.”

 

 

El consejo más grande de tener en cuenta para enseñar la Responsabilidad a los niños es el ejemplo que los padres les den, es decir, los buenos hábitos comienzan en casa, los padres deben cumplir lo que les dicen a sus hijos y lo deben hacer a tiempo.ENFERMEDADES INFANTILES: Como estamos en época de lluvia y de fuertes cambios climáticos, es posible que los niños se incapaciten con más frecuencia, es por esto que a solicitud de algunos padres, publicamos nuevamente nuestra guía sobre enfermedades comunes en la infancia y algunos de sus cuidados.

 

 

 

 

ENFERMEDADES COMUNES EN LA INFANCIA

 

 

Cuando nuestro hijo o algún niño se enferma, parece que se nos viniera el mundo encima. Para ayudarlo lo mejor es mantener la calma y tomar las medidas necesarias para que así resulte más fácil su recuperación.

Por esto es importante conocer las enfermedades más comunes en estos primeros años, sus síntomas, formas de contagio y prevenciones para tener en cuenta.

Para entender más esta información, están divididas en 3 grupos importantes: enfermedades infectocontagiosas, respiratorias y digestivas.

 

ENFERMEDADES INFECTOCONTAGIOSAS

 

SARAMPIÓN

Es una enfermedad eruptiva causada por un virus filtrable y que deja inmunidad contra ella misma, para toda la vida.

El período de incubación dura aproximadamente de 1 a 2 semanas, al cabo de las cuales se presentan los tres catarros característicos: el ocular, el nasal y el tráqueo-branquial. Estos catarros acompañados de fiebre duran aproximadamente 5 días, luego de los cuales se produce la erupción típica. La cara, el tronco y por último brazos y piernas, se cubren de pequeñas manchas rojizas sobreelevadas, que desaparecen con la descamación al cabo de 7 días.

Es una enfermedad benigna pero si no se respetan las precauciones pueden surgir complicaciones, entre las que podemos nombrar la Bronconeumonía y la Neumonía.

El contagio es directo a través de gotitas de secreción expulsadas al estornudar o toser.

 

Medidas de prevención: Existe una vacuna  que se puede aplicar en dos dosis, la primera a los nueve meses de vida y la segunda a los quince o una única dosis después del año, según haya o no epidemia.

 

VARICELA

La varicela se manifiesta  a través de manchas o lesiones en la piel que luego se transforman en “cristales” de líquidos blanquecinos los que finalmente se convierten en costras diseminadas por cualquier parte del cuerpo.

Los síntomas son: Malestar general moderado y fiebre no muy intensa. En niños mayores o en los adultos los síntomas son fiebre alta y dolores de cabeza, acompañados de la picazón o prurito. Es una enfermedad autolimitada, que no dura más de tres semanas, pero que es altamente contagiosa. De esta manera, los niños de un curso donde se haya presentado un caso de varicela, tendrán escasísimas oportunidades de eludir el contagio. La varicela, por citar tan solo un ejemplo, tiene un índice de contagio mucho más alto que la gripe. Su período de incubación es de entre 14 y 21 días desde que se entra en contacto con un enfermo hasta la aparición misma de la dolencia. El contagio se produce por tres vías: el contacto directo (la saliva, por ejemplo); por una diseminación aérea (en el caso de la tos o estornudo) y por objetos que el paciente haya usado, los cuales se transforman en vehículos de transmisión. Su contagio es más alto en el período previo a la aparición de las lesiones de tipo vesicular que contienen una gota de líquido transparente. En la etapa de costras, es decir una semana después de la aparición de las vesículas, el niño ya no contagia a otras personas.

Esta enfermedad, que se da una sola vez en la vida, puede producir una reactivación, pero en la forma de herpes de Zoster, generalmente muy dolorosa. El virus puede permanecer de por vida, en forma latente, en ganglios sensitivos del cuerpo humano. Por eso, al cabo de algunos años puede reaparecer.

Las lesiones en la piel pueden dejar zonas muy pigmentadas, las que se pueden prolongar por meses o años, pero nunca dejan cicatrices, salvo por una infección secundaria bacteriana que provoque rasquiña constante con uñas infectadas.

La picazón o prurito puede ser aliviada con la aplicación de antihistamínicos. El pediatra recetará reposo a aquellos pacientes en los que advierta un compromiso general de salud. Cuando las vesículas se presentan en el interior de la boca o en las conjuntivas, es necesario extremar el aseo bucal y proteger las conjuntivas de alguna lesión de orden secundaria.

 

 

 

Medidas de prevención: Se deben seguir estrictas medidas de aislamiento, aunque muchas veces no se puede impedir la propagación de la varicela. Para prevenir se utiliza la vacuna contra la varicela.

 

RUBÉOLA

Enfermedad producida por un virus. Los síntomas son: Fiebre e inflamación de los grupos ganglionares de cuello, axilas, ingle y nuca. Tras el período de incubación (15 a 20 días) se produce la invasión, con dolor de cabeza, falta de apetito, cansancio, etc. conjuntamente aparece la erupción, primero en la cara y luego en el resto del cuerpo. Las manchas son pequeñas y separadas. Algunas veces puede confundirse con el Sarampión y en otras ocasiones a la Escarlatina.

Se diferencia del Sarampión porque no presenta catarro óculo-nasal y de la Escarlatina porque se presenta sin anginas rojas.

En los niños esta enfermedad es benigna y deja inmunidad permanente, en cambio si ataca a la mujer embarazada puede transmitir la enfermedad a través de la placenta y causar graves trastornos y malformaciones cardíacas, oculares, cerebrales y óseas al feto. Cuánto más corto es el período de embarazo, mayor es el peligro. El contagio se produce por vía directa, de un individuo a otro y puede producirse una semana antes de la aparición de los síntomas en el portador.

 

 

ROSEÓLA

Es una de las enfermedades típicas de la infancia. Esta eruptiva es muy común en los tres primeros años de vida. Se cree que es causada por un virus, aunque nunca se ha llegado a aislar al supuesto virus responsable. Se contagia fácilmente de un niño a otro o a través de los familiares del pequeño.

Los síntomas son: Después de que hayan pasado entre siete y diecisiete días después del contagio, se empieza a presentar una fiebre muy alta, de 39º o 40º. A pesar de la elevada temperatura, sin embargo no hay  pérdida de apetito y el niño puede presentar una actividad normal.

En realidad, no parece que  se esté padeciendo una enfermedad, aunque en algunos momentos febriles el niño pueda verse más inquieto, intranquilo o somnoliento. Sin embargo cuando el médico examina, encuentra la faringe enrojecida y en los ganglios de la parte posterior de la cabeza puede observar una pequeña inflamación.

Después de tres o cuatro días de fiebre, ésta baja bruscamente y aparece un exantema (manchas cutáneas) repentino. Por eso, a la roséola también se la conoce como exantema súbito o fiebre de los tres días. Estas manchitas son de color rosa pálido, de 1 a 5 mm., localizadas con más intensidad en el cuello y el tronco. Son manchas minúsculas, llamadas a veces la alfombrilla, que desaparecen a los dos o tres días.

 

Está es una enfermedad causada por un virus y por lo tanto, no tiene tratamiento. De todos modos, es tan benigna que tampoco lo requiere. La única posibilidad es que se complique y dé lugar a convulsiones febriles, aunque sólo se dan ocasionalmente y en niños propensos a ellas. De cualquier modo, no se debe bajar la guardia y hay vigilar al niño atentamente por si aparecen otros síntomas. Si la fiebre dura más de cuatro días, si el pequeño se ve muy afectado, o si los síntomas típicos de la roséola están acompañados de vómitos, diarrea o tos, hay que consultar al pediatra.

 

Los antibióticos no serán necesarios, pues resultan ineficaces en las infecciones eruptivas. Si es importante mantener al niño alejado de otros niños de menos de tres años (durante una semana desde que brota el salpullido), para evitar que se contagien. Ya que no existe ninguna vacuna.

 

PAPERAS O PAROTIDITIS

Es una enfermedad sumamente contagiosa. Ataca a todo el organismo aunque se localiza preferentemente en las glándulas salivales Parótidas, y por lo general también en las Submaxilares y Sublinguales.

Los síntomas son: Después del período de incubación aparece la fiebre, malestar general, dolor de cabeza y abdomen y falta de apetito.

Luego se produce la hinchazón de las glándulas que se hacen dolorosas al tocar y al comer.

La enfermedad evoluciona sola, y posee inmunidad para toda la vida.

 

El tratamiento consiste en: calmar el dolor mediante analgésicos y antinflamatorios, colocar compresas de agua fría, baños frecuentes y abundantes líquidos.

En los niños esta enfermedad es benigna. En los jóvenes y adultos pueden surgir complicaciones, las más comunes son la Orquitis en los varones y la Ovaritis en las mujeres, ambas son de graves consecuencias ya que pueden producir el atrofiamiento de los órganos reproductores (testículo u ovario, respectivamente).

 

Medidas de prevención: En la actualidad, para la prevención de esta enfermedad existe una vacuna que se suele aplicar junto con la de la rubeóla y el sarampión, al año de vida.

 

HEPATITIS VIRAL

Es una afección clínica de tipo viral. Existen dos clases de hepatitis (A Y B), que presentan muchas similitudes y algunas pocas diferencias.

Durante el comienzo puede semejar una afección respiratoria y gastrointestinal.

Los síntomas son: fiebre, malestar, anorexia, nausea, vómitos, cefalagia y dolor abdominal. El hígado aumenta de tamaño, se produce la ictericia. (Se denomina así al color amarillento de la piel). La orina se oscurece y las heces son de color más claro. En los casos moderados y graves puede haber pérdida de peso. La gran mayoría de los enfermos tiene una recuperación sin contratiempos y se observa una regeneración completa de las células hepáticas después de 2 ó 3 meses. Los niños suelen padecer más levemente la enfermedad, en los casos crónicos puede producir cirrosis.

Hepatitis A: Generalmente ataca a niños y adultos jóvenes.

Se contagia por vía fecal u oral; algún contacto con productos sanguíneos, agua y alimentos contaminados. Da fiebre y ataca principalmente en invierno.

Hepatitis B: Ataca a cualquier edad.

Se transmite por transfusión de sangre o productos sanguíneos, inoculación de drogas, alguna diseminación de líquidos orgánicos de personas infectadas.

La fiebre no es común. Ataca en cualquier época del año.

 

ENFERMEDADES RESPIRATORIAS:

 

RESFRIO Y BRONQUITIS

Son enfermedades que se contraen a través de las vías respiratorias: oídos, senos paranasales, laringe, tráquea y bronquios. Cuando algún producto del medio ambiente irrita a las vías respiratorias, éstas reaccionan produciendo más moco y por lo tanto, aparece el catarro, la fiebre, la tos y todas las manifestaciones que tienen que ver con el aparato respiratorio.

 

La bronquitis es la inflamación de uno o más bronquios. Es una enfermedad aguda viral respiratoria, muy contagiosa, caracterizada por tos, estornudo y secreción nasal.

El catarro es la  inflamación de la mucosa, con secreción e inflamación de las vías aéreas de cabeza y garganta. Es importante tener en cuenta que los contagios de catarros y bronquitis son más frecuentes en invierno. La palabra “catarro” significa, desde el punto de vista médico, un aumento de secreciones respiratorias de la nariz o los bronquios.

Sin embargo cuando una bacteria o virus se instala en el aparato respiratorio, puede provocar alguna enfermedad.  Por lo general, esto ocurre si la persona tiene las defensas disminuidas o el cuerpo no puede crear los anticuerpos que necesita para defenderse de su agresor.  En estos casos se produce la enfermedad de acuerdo al lugar en donde se instale el germen, así se podrá sufrir una otitis (en los oídos), laringitis (en la laringe), angina (en la garganta), bronquitis (en los bronquios), neumonía (en los pulmones), etcétera.

Hay más de 180 virus diferentes, capaces de provocar resfríos. Una misma persona puede sufrir diferentes catarros en un mismo año causado por gérmenes distintos. Los niños padecen en un año hasta 8-10  de estos cuadros, mientras que los adultos no suelen pasar de tres.  Por este motivo, las personas que conviven con niños tienen más resfríos que el resto.

Hoy en día existen muchos remedios que no necesitan receta y alivian los catarros, mejorando el estado general del cuerpo. Algunos calman el dolor, sobre todo el que se produce en la garganta (analgésicos) y bajan la fiebre (antipiréticos). Los descongestionantes evitan la congestión nasal.  Pueden administrarse por vía oral o en forma de aerosoles o nebulizadores nasales.  En este tipo de medicamentos es muy importante atenerse a las dosis aconsejadas, porque si se usan en exceso pueden perder su efectividad o dar lugar a reacciones de rebote (vulgarmente se lo denomina acostumbramiento), produciendo una nueva congestión.

Muchos síntomas catarrales tienen un componente alérgico, por eso algunos medicamentos que se utilizan para estos cuadros contienen antihistamínicos.  Es importante tener presente que este tipo de fármacos pueden producir sueño.

 

Medidas de prevención: Si bien, como ya vimos existen muchos medicamentos que pueden ayudar a hacer más leves los efectos de un catarro o bronquitis, hay que tener en cuenta que cuando un niño presenta un cuadro de catarro lo mejor es dejar que pase naturalmente y tomar medidas para que no empeore. Uno de los consejos más importantes que hay que tener en cuenta, es que cuando hay una bronquitis se debe toser todo lo necesario para desobstruir las vías respiratorias y así evitar infecciones que puedan dañar gravemente a los pulmones o bronquios.  Justamente, por esta razón, están contraindicados los antitusivos (remedios que evitan la tos).

También es necesario tomar las siguientes precauciones:

  1. a) Cubrir la boca y nariz con la mano cuando se va a toser o estornudar.
  2. b) Lavarse las manos con frecuencia.
  3. c) Utilizar pañuelos de papel y desecharlos inmediatamente.

Cuanto menor sea el contacto con las personas con catarro o bronquitis, menos riesgo de contagio existe.

 

 

AMIGDALITIS AGUDA

Es una enfermedad en donde la amígdala se recubre de puntitos amarillos correspondientes a bolsas de pus localizadas. Muy a menudo los ganglios linfáticos ubicados al lado del cuello y los que se encuentran en la posición ángulo-mandibular, resultan también inflamados.

Se produce esencialmente a causa de los cambios de temperaturas, pues el frío produce aumento de la virulencia del germen comúnmente presente a nivel amigdalar;  y por el contacto con personas enfermas o portadoras.

Tanto en la amigdalitis viral como en la estreptocócica, la fiebre esta siempre presente y es alta; localmente se tienen dolores intensos en la deglución, es decir dolor de garganta cuando se “traga”.

La terapia básica de la amigdalitis aguda viral o catarral es remedios sintomáticos y si es purulenta es el uso de antibióticos además, de antitérmicos y antiinflamatorios.

 

BRONQUIOLITIS

Es una enfermedad de los bronquios que todos los años en invierno afecta a muchos lactantes y niños menores de dos años. En realidad se debe a una infección de los bronquiolos, esto es, de las últimas ramificaciones de los bronquios, determinando en niños pequeños una obstrucción al paso del aire y dificultando, por ello, la respiración.

La bronquiolitis es causada por virus de diversa índole, el más frecuente es el llamado Virus Respiratorio Sincitial (VRS). Estos virus producen inicialmente un cuadro catarral y, poco tiempo después, descienden hasta los pulmones donde dañan a los bronquiolos.

 

Los síntomas son: Siempre comienza como un cuadro catarral con tos, mocos y fiebre. Posteriormente, en cuestión de uno o dos días, aparece dificultad respiratoria que, a veces, entorpece la alimentación. Ésta puede ser variable, desde casos leves que no plantean ningún problema, hasta casos graves que requieren de ingreso hospitalario. La dificultad respiratoria puede adivinarse mirando fijamente las costillas, la parte superior del esternón o la parte inferior del tórax. Se observará hundimiento de estas zonas cada vez que inspire el niño.

El proceso es autolimitado, es decir, cura por sí solo aunque puede durar más de una semana o complicarse, rara vez, en forma de Neumonía. Posteriormente puede quedar una tos residual que poco a poco irá desapareciendo.

Es frecuente, en algunos niños con cierta predisposición, padecer cuadros similares a posteriori y después de cada proceso catarral. Estos cuadros pueden ser nuevas bronquiolitis, si bien, lo habitual es que sean “episodios de broncoespasmo”. En realidad lo que sucede es que los bronquios y bronquiolos que quedaron dañados en la primera bronquiolitis se hacen “hiperreactivos”, es decir, en presencia de un nuevo cuadro catarral éstos reaccionan contrayéndose (broncoespasmo) y provocando, sin necesidad de que haya inflamación de los mismos, obstrucción al paso del aire.

Este fenómeno de hiperreactividad bronquial (reacción exagerada del bronquio frente a un estímulo) suele curar progresivamente antes de los 2-4 años. A veces se mantiene más allá de los 4-6 años y entonces podría hablarse de Asma.

No existe tratamiento para esta enfermedad salvo el sintomático, es decir, procurar bajarle la fiebre, mantenerlo bien hidratado, realizarle lavados nasales frecuentes y aspirarle, si fuera  necesario, las secreciones con perilla de goma.

Son muy útiles la posición de semincorporado (para facilitar la respiración) y la kinesiterapia (“golpes” o palmaditas en la espalda y en el pecho) para movilizar las secreciones de moco en los bronquios y evitar así las complicaciones. A veces se puede precisar medicación con broncodilatadores en aerosol (sustancias que dilatan el bronquio para permitir el paso del aire).

 

OTITIS

Es la infección aguda del oído medio (espacio que se encuentra detrás del tímpano). Esta infección es muy común en niños de edades entre los 6 meses y los 2 años. La mayoría de los niños (70-80%) han tenido una infección de oído antes de haber cumplido los 6 años. Aproximadamente un tercio de ellos presentan 3 ó más episodios. El 5-10% de los niños que sufren una otitis padecen una nueva en el plazo de un mes. Las infecciones del oído frecuentemente van acompañadas u ocurren después de un catarro común.

Las infecciones en el oído medio son causadas por bacterias o por virus. Las otitis no son contagiosas en sí mismas, pero los resfriados que a menudo las acompañan si pueden ser transmitidos a otros niños, por ello durante los primeros días no deberían acudir al jardín infantil y hacerlo sólo cuando el oído no duela, no tengan fiebre y se sientan ya bien.

Los síntomas son: El dolor intenso de oído es el síntoma principal y con frecuencia nocturno. Es causado por los cambios que experimenta la presión en la parte interna del oído. Tragar, masticar o sonarse la nariz,

 

 

pueden empeorar el dolor.  También produce  Fiebre (aunque no siempre esta presente)  y   “Zumbidos” en los oídos. Es importante estar pendiente si el niño llora más de lo normal o esta inquieto especialmente en la mitad del sueño, igualmente podría empezar a oír menos por el oído enfermo.

Si hay mucha presión detrás del tímpano, éste puede romperse. Generalmente esta lesión cicatriza por sí sola. Los signos que indican la rotura del tímpano son la salida de pus (supuración) o sangre por la entrada del oído. Una vez perforado el tímpano, desaparece el dolor, puesto que ya no existe la tensión a la que estaba sometido.

 

Medidas de prevención: Es importante recalcar que algunas veces la otitis es inevitable, pues existe una predisposición personal en ciertos niños a padecer otitis, que habitualmente se hereda de los padres. Sin embargo existen algunas recomendaciones:

  • El niño no debe tomar tetero mientras se encuentre acostado. Esto puede permitir que el líquido penetre en las trompas de Eustaquio.
  • Mantenga alejado al niño de las personas que fuman. Los niños que permanecen alrededor de los fumadores están más predispuestos a contraer infecciones en los oídos.
  • Es necesario enseñarle al niño a tener una buena higiene nasal: sonarse con frecuencia y suavidad, si se tiene mucosidad, y hacer lavados nasales con suero fisiológico.

 

Puede ser que el niño necesite recibir antibiótico para tratar la infección. Además tendrá que tomar calmantes para el dolor de oídos y la fiebre. También se puede poner sobre el oído un paño tibio. Recuerde que una vez comenzado el tratamiento con antibiótico, la fiebre, si existiera, y el dolor pueden persistir entre uno y tres días. Si después de este tiempo no cediesen las molestias o el estado general no mejorase, sería entonces conveniente volver a consultar otra vez con su médico.

 

GRIPE O INFLUENZA

Enfermedad muy contagiosa que se difunde con rapidez. Es virósica y  poco resistente a los factores externos y se encuentra en las mucosidades nasofaríngeas de los enfermos. El contagio es directo, se hace a través de la saliva y de las partículas de secreciones nasales o bucales que el enfermo arroja al hablar, toser o estornudar.

Los síntomas: Fiebre alta, escalofríos, dolores de espalda, brazos y piernas, agotamiento, resfrío y bronquitis, dolor de garganta.

Se producen también trastornos gastrointestinales (inapetencia, vómitos y diarrea).

Medidas de prevención: evitar cambios bruscos de temperatura y aislamiento mientras se presentan los síntomas. Existe la vacuna de la influenza.

 

 

 

 

 ENFERMEDADES DIGESTIVAS

 

La mayoría de las veces no son más que trastornos pasajeros, debidos, habitualmente, a que el pequeño ha comido demasiado o algún cambio brusco en su alimentación. Pero en ocasiones pueden ser síntoma de algún problema más serio. Es necesario aprender a distinguirlos y a saber cuando es necesario llamar al medico.

 

Las causas que habitualmente provoquen los trastornos digestivos de los niños son, o una ingestión exagerada de alimentos o al contrario, una carencia parcial de ellos.

La hiperalimentación es muy frecuente en bebés que se alimentan con biberón o en niños mayorcitos, que ya comen casi de todo. El problema no suele estar en ellos, sino en la obsesión de muchas madres de ver a sus hijos bien nutridos. Por lógica, el niño rechazará la comida o una vez ingerida, reaccionará vomitándola.

 

VÓMITO

Pueden estar causados por sobrealimentación o algún foco infeccioso. En general, si el niño no se encuentra mal y parece estar sano en todos los sentidos, no es preocupante.

Se debe consultar al médico cuando los vómitos son persistentes y abundantes, si no están relacionados con las comidas o si el pequeño tiene fiebre, dolor abdominal, diarrea o estreñimiento. Es importante tener en cuenta los siguientes puntos:

* Desde cuándo vomita el niño.

* Frecuencia, cantidad y hora en que se produjo el vómito en relación a las comidas.

* Naturaleza del vómito: Si es alimenticio o bilioso, su color, si había presencia de sangre o mucosidad.

* Alimentos ingeridos por el niño en las últimas 24 horas.

 

 

En cualquier caso, sea o no grave, cuando el niño vomite se debe actuar de la siguiente forma: inclínele la cabeza hacia adelante y sujétesela; así evitará que aspire el vómito y facilitará la expulsión de los restos alimenticios. Después acueste al niño para que se vaya recuperando y pasado un tiempo déle, en sorbos pequeños y frecuentes, agua sola o azucarada.

El niño que ha vomitado no debe ingerir grasas, leche entera ni derivados lácteos. Debe tomar alimentos ligeros, purés e infusiones, y nunca se le debe obligar a comer.

 

DIARREA

La señal más evidente es, además del aumento del número de deposiciones, que éstas cambian su consistencia; llegan a ser blandas o líquidas.

En muchos casos la causa de una diarrea es una alimentación inadecuada, por ser excesiva o porque se ha introducido en la dieta un nuevo alimento de manera brusca. Pero también puede ser de origen infeccioso (bacteria, virus o parásitos) o de causa no infecciosa como alguno tipo de intolerancia. (intolerancia a la leche de vaca, o intolerancia a la lactosa).

El aislamiento de gérmenes patógenos en niños con diarrea solo se consigue entre el 50 y 84% de los episodios.

El agente más frecuentemente aislado es Rotavirus.

Los mecanismos de transmisión son: vía fecal-oral (ciclo ano-mano-boca), a través de vómitos y secreciones nasofaríngeas por vía aérea.

La diarrea aguda por rotavirus, es una enfermedad autolimitada, de comienzo brusco, con vómitos y luego fiebre (etapa que dura 1 a 2 días) y deposiciones líquidas, abundantes y frecuentes, generalmente ácidas y de color amarillo, que duran de 5 a 7 días y suelen terminar abruptamente.

La deshidratación es la complicación más frecuente y grave de las diarreas en los niños.

Las principales causas de la deshidratación son: a) aumento de pérdidas de líquidos y electrolitos por las evacuaciones líquidas y por los vómitos, b) disminución de la ingesta y c) aumento de las pérdidas por la piel (fiebre).

Los componentes esenciales en el manejo de casos con diarrea son:

  • prevenir la deshidratación
  • mantener la alimentación durante y después del episodio de diarrea
  • usar selectivamente medicamentos cuando ellos están indicados

 

Lo más importante es administrar mayor cantidad de líquido que lo habitual, aportando en pacientes menores de 1 año de edad: 50 a 100 ml y en mayores de un año de edad: 100 a 200 ml después de cada evacuación líquida. A niños mayores o adultos se ofrece todo el volumen que deseen beber. Mantener alimentación adecuada para la edad: Los alimentos deben ser de buena concentración calórica, higiénicos, no concentrados y de buen sabor para el niño, como arroz, zanahoria, pollo en vez de carne, manzana y plátano de postre, yogurt y jaleas. Todo de apoco a voluntad y según tolerancia.

 

Se deberá estar muy atento a:

  1. si el niño no mejora en 2 días
  2. si tiene evacuaciones líquidas abundantes y frecuentes
  3. si hay sangre en las deposiciones
  4. vómitos a repetición
  5. fiebre persistente
  6. sed intensa o
  7. si el niño come o bebe poco

En estos casos se debe consultar inmediatamente al médico.

Se debe tener en cuenta que un niño puede tener síntomas de deshidratación en un periodo de 12 a 24 horas.

La deshidratación es más peligrosa mientras más pequeño es el niño.

 

ESTREÑIMIENTO

Es muy habitual, tanto en los bebés como en niños mayorcitos. Lo primero que hay que tener en cuenta es que cada persona es diferente en sus hábitos intestinales. Un niño puede hacer una deposición diaria y otro cada tres días, y ambos casos pueden ser normales.

Para diagnosticar el estreñimiento hay que tener en cuenta no sólo el número de deposiciones, sino también la consistencia de éstas. Si son duras y secas, salen con dolor o dificultad, el pequeño está estreñido.

La causa principal del estreñimiento es una alimentación inadecuada. Antes de acudir al médico, o de tomar alguna medicina laxante, prueba a variar la alimentación del pequeño, darle frutas, zumos naturales, verduras en abundancia y papilla a base de harinas integrales y avena.LA IMPORTANCIA DE DECIR ¡NO! A LOS NIÑOS

 

Por una parte, el deseo de que los hijos “tengan todo lo que yo no pude tener” y por otra el interés de evitar las desagradables consecuencias de no complacerlos (pataletas, llantos, gritos, peleas, etc.) han llevado a que los padres les den excesivo gusto a los niños, hasta el punto de que raramente se les dice “no” a cualquier cosa que pidan.

 

Es más fácil decir “sí” y darles gusto que mantenerse firme en una negativa. Parece ser que del autoritarismo del pasado, se ha pasado al otro extremo, un gran permisivismo caracterizado por una complacencia constante a todos los deseos y caprichos de los menores. Por tanto, si algo tienen en común hoy en día la mayoría de los niños, es su falta de tolerancia a la frustración. Nada se les puede negar, nunca pueden perder, no pueden esperar ni un segundo y ni siquiera pueden aceptar un tropiezo, sin formar un problema.

 

Desde luego ceder, soluciona el problema inmediato, pero crea otros mayores a largo plazo. Para comenzar, cuando se da gusto a un niño para que no se enfade, aprenderá que poniéndose bravo o llorando logrará su voluntad.

Toda la aparente “felicidad” de los niños que lo tienen todo y a quienes casi nunca se les niega un deseo, se derrumba cuando se ven los resultados que ello trae para la formación de su carácter. Está visto que los menores en estas circunstancias no sólo viven frecuentemente inconformes, sino que desarrollan hábitos de trabajo muy pobres, son inmaduros, no se esfuerzan y se caracterizan por ser personas mediocres e irresponsables.

Igualmente, los niños criados en estas circunstancias crecen creyéndose con derecho a todo y convencidos de que obtendrán lo que quieran, así trabajen o no para lograrlo, sin ninguna noción de la relación que hay entre el esfuerzo y el éxito.

 

El mundo que crean para sus hijos los padres que les dan gusto en todo es “irreal”. Por una parte, al crecer acostumbrados a que “todo le cae del cielo”, no estarán preparados para luchar por satisfacer sus propias necesidades cuando posteriormente tengan que hacerlo. Típicamente se convertirán en adultos “buena vida” siempre esperando que la suerte les favorezca y exigiendo que los demás hagan todo por ellos. Es posible que algunos procuren seguir dependiendo de sus padres para todo, o que busquen salidas fáciles, como la trampa, el oportunismo etc., para lograr lo que quieren.

 

La vida en medio de tanta complacencia distorsiona los valores de los niños al llevarlo a concluir que las comodidades y el dinero es lo primero y único en la vida. Además, esta extrema “generosidad” de los padres, lejos de promover la gratitud y colaboración de parte de los hijos, lleva a que se vuelvan insaciables, desagradecidos y desconsiderados. Muy posiblemente estos niños serán adultos inmaduros, egoístas y centrados en sí mismos.

 

Una de las mejores consecuencias de decir “NO” es la adecuada dosis de frustración que les produce a los niños. La frustración, no sólo NO les hace daño, sino que es absolutamente esencial para la formación del carácter y la adquisición de las habilidades para triunfar en la vida.

La principal tarea de los padres es la de procurar que los hijos desarrollen las cualidades, destrezas y valores que les permiten abrirse el camino correcto en la vida y esto implica tener frustraciones en la vida, que cuando se experimentan desde temprana edad, podrán aprender a tolerarlas y adquirirán la capacidad de superarlas sin desfallecer.

La frustración permite además que el ser humano desarrolle su creatividad y toda su capacidad recursiva. Así mismo promueve la perseverancia y el esfuerzo. Es evidente que en cualquier campo de la vida, sea profesional, personal, social, académico, marital, etc., las personas mejor equiparadas son aquellas para quienes las cosas no han sido “color de rosa”.

 

Es importante no caer en el error de darles explicaciones o justificaciones frente a cualquier solicitud o negativa de los padres, pues a veces entre más se explique, más se aferrará el niño a lo que quiere. Muchas cosas se tienen que hacer simplemente porque los padres así lo dicen. Recordemos que hay una diferencia entre un niño crónicamente desdichado y un niño temporalmente molesto o triste.

Nuestra meta no debe ser la de que los hijos comprendan y acepten con gusto nuestras decisiones como padres. Debe ser la de construir las bases necesarias para que comprendan que lo más conveniente no es necesariamente lo más divertido, y que tengan así criterios sólidos para tomar decisiones adecuadas. Se puede lograr esta meta estableciendo los precedentes apropiados, es decir haciendo lo que sabemos que es correcto a pesar de la infelicidad que ello pueda causarles en un momento dado.

Lo importante no es preocuparnos por la reacción inmediata de los niños, sino por su bienestar a largo plazo. Recordemos que hay una enorme diferencia entre estar contento y ser feliz. Lo primero es necesariamente temporal y se logra manteniéndonos entretenidos. Lo segundo puede ser eternamente perdurable y representar la diferencia entre gozar la vida y comprender la grandeza de vivir.

 

Tomado del libro “creciendo con nuestros hijos” de Angela Marulanda.

 

 

COMO ENSEÑAR RESPETO A LOS NIÑOS

 

¿Qué cabe esperar a esta edad?

Procurar que un niño de tres o cuatro años se comporte con respeto es en ocasiones muy difícil. Esto se debe en parte al hecho de que sus habilidades lingüísticas aún están desarrollándose. Así que cuando le dices que es hora de ir a la cama, es poco probable que te responda diciendo: “Lo estoy pasando bien en el baño ¿sería mucho pedir que me dejes jugar cinco minutos más?”. Lo más probable es que salpique y grite “¡No!” en tono de rebeldía y mirándote con sus

Ojillos traviesos.

Los niños de esta edad comienzan a preguntarse cuánto poder tienen sobre la familia y te ponen a prueba. Actuar así forma parte de su desarrollo, pero es importante desde el comienzo enseñarles  la importancia del respeto, a pesar de que los niños de tres y cuatro años de edad tienen la necesidad de probar sus límites.

¿Qué puedes hacer?

Muestra respeto a los demás. No solemos dar a nuestros hijos el respeto que exigimos de ellos. Puede ser difícil esperar pacientemente que un niño dé su opinión, pero merece la pena. Míralo a los ojos y dile que te interesa lo que te dice. Es la mejor manera de enseñarle a escucharte a ti con la misma atención.

Enséñale a responder con educación. Tu hijo puede mostrar cariño y respeto por otros, empleando buenos modales. En cuanto pueda comunicarse verbalmente, puede aprender a decir “por favor” y “gracias”. Explícale que estás más dispuesta a ayudarlo cuando se comporta con educación y que no te gusta cuando te da órdenes. Así mismo, si tú muestras respeto, le estarás enseñando más que dándole una charla. Di siempre “por favor” y “gracias” a tu hijo (y a otras personas), y aprenderá que estas palabras forman parte de la comunicación normal, tanto en la familia como en público.

Evita perder los nervios. Si tu hijo te llama “mala”, intenta no enojarte (después de todo, tú sabes que no eres mala). Un niño que quiere provocarte, soportará cualquier situación desagradable sólo para conseguir que reacciones. En lugar de hacer eso, mírale a los ojos y dile dulcemente pero con firmeza: “En esta familia no nos insultamos”. Entonces muéstrale cómo conseguir lo que deseas con respeto: “Cuando quieras que juegue contigo, pídemelo de manera agradable. Di ’mamá por favor, ¿puedes jugar conmigo?

Prepárate para diferencias de opinión. La vida sería mucho más fácil si nuestros hijos siempre nos hicieran caso, pero la naturaleza humana no es así. Procura recordar que cuando tu pequeño no se comporta como tú deseas, no es que intente ser irrespetuoso; simplemente, tiene una opinión diferente a la tuya.

Enséñale que le irá mejor si aprende a dejar de expresarse de manera irrespetuosa (“Nunca me llevas al parque, ¡mamá mala!”) y en lugar de eso aprende a pedirte las cosas de manera positiva (“Por favor, ¿podemos ir al parque después de hacer la compra?”).

Establece límites. Una de las mejores maneras de demostrar respeto es ser amable y firme a la hora de disciplinar. Ser amable demuestra respeto por tu hijo y ser firme demuestra respeto por lo que hay que hacer. Así que si tu hijo tiene una rabieta en el supermercado y no te sirve ninguna de tus tácticas, llévatelo al auto y siéntate a leer una revista hasta que termine su rabieta. Luego, puedes decir con calma: “Ahora ya estás preparado para probar de nuevo”, y volver a la tienda. Poco a poco aprenderá que una rabieta no altera el hecho de que hay que hacer la compra.

 

Háblalo más tarde. A veces, la mejor manera de manejar un comportamiento irrespetuoso es comentarlo con tu hijo más adelante, cuando los dos hayan tenido la oportunidad de calmarse. Puedes reconocer sus sentimientos y reforzar tu punto de vista diciendo: “Sé que estabas muy disgustado, ¿por qué crees que ha sido? ¿Cómo puedes resolver el problema? ¿Cuál sería una manera más respetuosa de decirme cómo te sientes?”. Si tu niño sabe que te interesa lo que piensa y siente, seguramente llegará a la misma conclusión que llegarías tú.

Alaba el comportamiento respetuoso. Refuerza las muestras inesperadas de buena educación de tu hijo siempre que puedas, pero sé específica. Tendemos a decir “buen chico” o “buena chica”. En lugar de eso, di: “Gracias por decir por favor cuando me has pedido un dulce”, o “gracias por esperar tu turno mientras los demás niños pedían su helado”. Tu hijo aprenderá rápidamente que sus esfuerzos merecen la pena y que los aprecias.

INTERESANTE ARTÍCULO: Queremos invitarlos a leer éste artículo publicado en el periódico El Tiempo el cual pensamos, puede resultarnos interesante:

WATS

IMAGEN periódico el Tiempo.

Grupos de padres en WhatsApp pasaron a ser un dolor de cabeza

Estos chats han cedido terreno a memes, chismes, quejas, matoneo, clasificados y hasta peleas.

Por:  JOSÉ CARLOS GARCÍA R. | 

11:23 a.m. | 19 de octubre de 2015

Foto: EL TIEMPO

Uno de los principales líos detectados en un grupo de WhatsApp mal utilizado es el conflicto que puede generarse entre padres y maestros.

“¿Alguien sabe si a los niños les dejaron alguna tarea de matemáticas para mañana?”, “¿A qué hora es la reunión para la entrega de notas?”, “¿Alguien ha visto el pantalón de gimnasia de mi hijo?”, “Este profesor no tiene idea de nada, ¿no les parece?”.

Frases como estas se han vuelto recurrentes en los grupos de WhatsApp en los que participan los padres de estudiantes de colegios, que convierten esta herramienta digital cada vez más común, y que puede ser muy útil, en una verdadera pesadilla.

No en pocos casos el chat termina invadido de anuncios de compra y venta de artículos, chismes, matoneo, mensajes salidos de tono, chistes o comunicaciones que no tienen nada que ver con el objetivo inicial del chat, como ocurre con muchos otros destinados a fines específicos (amigos, familia, trabajo).

Estos encuentros grupales en particular nacen como una iniciativa de comunicación sana y relevante, que les permite a los padres de familia estar atentos a los temas escolares que afectan a sus hijos. Pero según entidades que han analizado este fenómeno, progresivamente se les ha ido dando un mal uso y se ha presentado un descontrol total, que en principio puede explicarse por el solo hecho de juntar en un solo escenario (virtual) a personas en su mayoría desconocidas.

De la reunión a la red

Antiguamente, los espacios de comunicación entre padres de familia se daban en las escasas reuniones presenciales que el colegio convocaba al año, como la jornada de entrega de notas. Luego, con el auge de internet, vinieron las plataformas digitales al estilo intranet empresarial, no del todo comunes ni adoptadas por todos los colegios. Y tiempo después, el correo electrónico pasó a ser un mecanismo novedoso para mantener en contacto a los padres, pero la asincronía de los mensajes supuso su marchitamiento, sobre todo teniendo en cuenta la efectividad de los chats.

En consecuencia, un sistema de mensajería instantánea como WhatsApp, que ofrece la ventaja de compartir fotos, documentos, videos y audios, terminó siendo un espacio ideal para establecer contactos directos. Además, es una aplicación manejada por la gran mayoría de personas que tienen teléfonos inteligentes.

Llegan los problemas

Uno de los principales líos detectados en un grupo de WhatsApp mal utilizado es el conflicto que puede generarse entre padres y maestros. “Muchas madres de familia aprovechan la falla individual de su hijo para crear un ambiente generalizado de malestar contra un profesor, a través del grupo de chat”, dice el médico Carlos Francisco Fernández.

Es tan compleja esta situación que incluso el poderoso sindicato de docentes de educación pública de España (Anpe) se ha quejado por el aumento de falsas acusaciones contra el trabajo de los profesores.

Frente a este tema, Toñi Quiñones, de la Asociación Espiral, Educación y Tecnología de España, comentó en una nota del diario ‘El Mundo’ que hay padres que han encontrado en los grupos de WhatsApp “una forma de resolver sus diferencias personales con un tutor, iniciando una conversación en WhatsApp para buscar consenso”.

Otro problema común de estos encuentros de chat es el síndrome de la ‘mamá secretaria’. Se trata de esas madres que usan el WhatsApp para resolverles los descuidos y la falta de responsabilidad a sus hijos con las obligaciones diarias del colegio. En ese punto se dan los mensajes, generalmente en las noches, de mamás o papás desesperados que preguntan cómo se hace cierta tarea o dónde pueden comprar, a esa hora, algún material solicitado por un profesor.

“Este chat no debe ser el paralelo de la agenda de los hijos, debe usarse para cosas urgentes del colegio. Los menores no deben confiarse en que el celular de sus mamás responda siempre a sus olvidos”, dice en su blog Noelia López-Cheda, consultora española en recursos humanos y talento. Según la experta, un mal manejo del chat no solo puede redundar en serias disputas y rencillas, sino en la exclusión y cierre de una herramienta que puede ser muy útil para todos, sobre todo si los hijos participan en actividades extracurriculares que generan la necesidad de crear nuevos grupos.

Sacar el mejor partido

“Los padres también necesitan formación tecnológica, pautas claras para usar los grupos de WhatsApp y sacarles buen partido”, sostiene Miquel Ángel Prats, investigador en TIC y educación, en un artículo publicado por ‘La Vanguardia’, de Barcelona.

Prats, que asesora a múltiples colegios de España en el buen uso de la tecnología, enfatiza en que este tipo de chat “no es un grupo de amigos, por lo que debería ceñirse a asuntos de gestión escolar”, y aconseja renunciar a prácticas como difundir videos virales, imágenes graciosas, opiniones políticas, creencias personales o juicios de valor.

Claves para tener un grupo sano

Expertos ofrecen algunas recomendaciones para que los grupos de chat de padres aprovechen al máximo esta herramienta digital.

No es un grupo de amigos. Este chat no es para que los participantes se traten con familiaridad o confianza. El encuentro debe ser cordial, respetuoso, serio, concreto, y los mensajes deben escribirse en horas prudentes, a menos que se trate de una emergencia.

No es para resolver tareas. Si bien el WhatsApp puede ser útil, de manera eventual, para consultar o aportar alguna guía básica para el desarrollo de ciertas tareas, este no debe destinarse para hacerles los trabajos a los niños o para preguntar cuáles les dejaron. Lo anterior es responsabilidad de los niños y de los padres.

Problemas personales. Si existe una situación personal que afecte a un alumno, lo ideal es solucionarla de manera directa en el colegio.

Críticas a profesores. Difundir malos entendidos o percepciones individuales sobre un maestro, con el ánimo de buscar apoyo en los demás padres, puede generar un ambiente de predisposición innecesario. Lo mejor en estos casos es hablar personalmente el tema con el docente o con las directivas del centro educativo.

Limitar el uso. Compartir oraciones, posiciones políticas, chistes, memes, anuncios clasificados o pedir favores son prácticas que deben evitarse en estos grupos de chat.

JOSÉCARLOSGARCÍAR.
Editor Tecnósfera

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